The Arbosa Post

Periodico Oficial del campeonato SRC F1

La vida en Rosso

Publicado por Jaio en Septiembre 15, 2008

Enzo Ferrari

Enzo Ferrari fue un hombre que tuvo un sueño. Hoy todos los hombres que ambicionan algo, comparten ese sueño con Enzo Ferrari.

Todos hemos girado la cabeza al paso de uno de esos bólidos rojos. Todos nos hemos muerto de envidia al verlos. Todos lo hemos deseado. Y pocos lo tendremos. Porque, podreis reiros de mí, pero yo comparto ese sueño. Yo soy ferrarista, y quiero una Ferrari. La più bella màcchina dal mondo.

Empecemos por el principio. Enzo Ferrari quiso competir, y compitió. Piloto, y sobre todo piloto de pruebas, escondido tras sus gafas negras, el mundo lo llamaba “Il Commendatore”. Pero no os dejeis engañar…a él le gustaba ser llamado “Il Ingegnere”.

Il Ingegnere empezó corriendo para Alfa Romeo, escuadra a la que estuvo ligado durante las décadas de los años 20 y 30 del siglo XX. Acabó siendo director de la división de competición de la escuadra de Milán.

Pero lo importante fue la fundación de la Scuderia Ferrari. Un patrocinador para miembros no oficiales, eso simplemente fue, allá por 1929. Después, cobrando fuerza, fue la propia división de carreras de Alfa Romeo, propietaria de la marca en aquel entonces. Y por último, se independizó.

La Scuderia Ferrari hacía correr coches Alfa Romeo, hasta que, en 1946, Enzo reconvirtió la antigua fábrica que había construido aviones durante la Segunda Guerra Mundial, en una fábrica de automóviles. ¿Para hacer coches?

No. Para conseguir dinero para su marca de competición. Tenedlo claro. Ese es el espíritu de la marca. Vender coches para correr. No correr para vender coches, como hacen Renault, Toyota y otras tantas. En un principio construyeron sólo coches de competición, pero después decidieron redirigirse hacia los coches de calle.

Y la Scuderia empezó a triunfar por los circuitos a lo largo y ancho del mundo. Hay pocos asfaltos sobre los que un Ferrari no haya vencido. Formula 1, Sport-GT o prototipos. Carreras al sprint, de resistencia, bajo la lluvia, bajo el sol más ardiente. Hay muchas escuderías diferentes que han pasado por este mundo, pero la única que permanece desde el comienzo tal y como la conocemos, esa es Ferrari.

Y es que Ferrari además dotó a su creación de un espíritu y un simbolismo fácilmente reconocibles, allá donde fueras. La historia del Cavallino Rampante es preciosa. Enzo ganó en 1923 una carrera en Rávena, donde estaba presente la condesa Paolina Baracca, cuyo hijo había muerto en 1918. Un aviador de guerra, de aquellos caballeros que aún me estremecen cuando pienso en ellos. Murió joven, habiendo derribado 34 enemigos. Y sobre su avión había pintado el Cavallino. Su madre decidió cederle al joven Enzo el símbolo, como amuleto (el grandérrimo Tazio Nuvolari tenía un amuleto precioso, del que hablaré otro día). Y Enzo pintó en sus coches el Cavallino sobre fondo amarillo, el color de Módena, su ciudad natal.

Y el color de los coches…Rosso Corsa (rojo carrera, eso pone en los catálogos actuales, después de 60 años). Quizá os hayais preguntado el porqué de esto. Muy fácil. En los primeros años de competición, se competía más por paises que por escuderías. Alemania, Inglaterra, Francia, Italia. Y se decidió conceder a cada pais un color acreditativo. Verde a Inglaterra (mirad de qué color corren los Aston Martin). Azul a Francia (mirad de qué color corrían los Matra y los Alpine). Blanco a Alemania. ¿Blanco? Sí. Hasta que en 1934 en una carrera (no me pidais que me acuerde, lo siento…) los bólidos de Auto Unión (hoy en día Audi), o quizá Mercedes, debían pesar 600 kg….y pesaban 603. ¿Solución? Le rayaron la pintura….y quedaron unos bólidos preciosos plateados. Las Silberpfeile… o flechas plateadas, como han llegado hasta hoy.

Y claro, Italia tuvo el rojo. El rojo que ha llegado hasta nuestros días, de la mano de tantos y tantos pilotos míticos. Porque pasar por la Scuderia te convierte en mítico. Ascari, Fangio, Lauda, Phil Hill, Villeneuve, Sheckter, Prost, Schumacher… nombres asociados a un mito. Además, la escudería y sus pilotos allá donde van levantan pasiones, amores u odios. Los tiffosi se dejan ver en cualquier circuito del planeta, el color predominante en las gradas ya sabeis cuál es. La gente adora los Ferrari por lo que son y representan, por el espíritu y por la realidad. Así que es todo tan simple como que los Ferrari son por y para la competición.

Cuando estoy jodido y sin ganas de dar un palo al agua, cierro los ojos, y recuerdo lo que me dijo una vez mi hermano. Que sintiera el tacto del cuero del asiento, y el pedal metálico, que escuchara el ruido del motor V12. Porque es como lo que hizo Enzo Ferrari: crear, y creer en un sueño. Y el sueño, se hizo realidad.

2 comentarios para “La vida en Rosso”

  1. xerezano escribió

    impresionante Víctor, como siempre ;)

  2. Mares escribió

    Enfermero??? Creo que te has confundido de oficio… Muy bueno Jaio, muy bueno.

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